Crisis social, Reportaje fotográfico

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El fin de la transición?

    Concepción desde octubre de 2019





Como un Fórmula Uno, a toda velocidad…así vimos pasar a las dinámicas sociales que comenzaron a manifestarse a partir del 18 de octubre de 2019. Nadie estaba preparado para un escenario como el que se dio. 


Si hubiéramos hecho un ejercicio de ficción en septiembre del año pasado, jamás habríamos imaginado lo que iba a pasar. 


Fue como una especie de gigantesca batidora, que mezcló todas las injusticias sociales y los temas pendientes de ese país en apariencia próspero, mezcla que dio como resultado un plato que se sirvió caliente y que forjaron a un Chile nuevo a partir del 18 de octubre, a años luz del Chile de días atrás.  



Si bien en las oficinas y en los escritorios donde se detenta el poder, esos prolegómenos estaban lejos de identificarse, en la calle, esas ataduras que impedían avanzar hacia la construcción de un país más justo para todos, se podían intuir en el aire. 




Sin embargo, lo que pasó fue tan rápido, tan intenso y tan hondo, que marca un antes y un después y que nos obliga a todos a arrodillarnos frente a eso que los sociólogos llaman conflictos sociales, que antes veíamos como algo lejano por la televisión, pero que ahora estábamos viviendo en la piel. 


El metro en Santiago fue el escenario donde los estudiantes abrieron el libro de historia, para que la sociedad pudiera comenzar a escribir las páginas en blanco del futuro, ánimo que se esparció con rapidez a todos los rincones de Chile.





En las calles se vivieron distintas dinámicas, con todo el contexto de demandas. Primero, las masivas manifestaciones, con hombres, mujeres, trabajadores, jóvenes y también empresarios y personas de terno y corbata. 


Los destrozos, se pueden entender como parte del descontento a todo lo que suene a sistema capitalista, desde fachadas de bancos, hasta las vitrinas de pequeños negocios.





Después, estuvieron los grupos organizados, compuestos por federaciones de estudiantes y otras agrupaciones, con carteles, lienzos y una estructura conocida ya desde los tiempos de las demandas estudiantiles. 




Y llegamos a lo más complejo; aquí convergió todo eso que estaba debajo de la alfombra de ese país floreciente en la apariencia de los números macroeconómicos, compuesto por el narcotráfico y anarquismo. 

Dos grandes imágenes que ilustran lo que pasaba en las calles por esos días. Arriba, el fuego característico de las barricadas y manifestantes. Abajo, imagen del 14 de noviembre de 2019, que muestra el minuto en que derriban la icónica estatua de Pedro de Valdivia en la Plaza Independencia de Concepción, luego de una marcha mapuche por las principales calles del centro. 



Los saqueos protagonizados por este grupo, no se pueden comprender dentro de las dinámicas sociales, sino que como parte de la delincuencia siempre presente, esa que se vive en las poblaciones periféricas de las principales ciudades del país, esa que se mata entre si y que saquea a grandes y a chicos. La única diferencia, es que ese tipo de delincuencia masiva, aprovechó la coyuntura social para tomarse el centro de las ciudades y llevar su desenfrenado odio para mostrarlo y afectar a todos.



Todo eso es lo que vimos en el centro de Concepción. La fotografía es una herramienta subjetiva, que nos permite sumergirnos en distintos mundos y optar por un punto de vista. Este es el nuestro, quizá alejado de análisis académicos más acabados, pero con el conocimiento a pie de calle, que nos permiten ser testigos parciales de esa realidad que todavía se escribe.

 

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